Sí, Jesús es Dios. Esto es una gran verdad central para todos los que siguen a Cristo. En el Evangelio de Juan, leemos que "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (Juan 1:1). Este "Verbo" es Jesús, quien se hizo carne y habitó entre nosotros. Jesús no solo vino a este mundo como un gran maestro o un profeta, sino como Dios mismo haciéndose hombre para salvarnos.
Jesús dijo: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14:9). Sólo Dios puede perdonar pecados, y Jesús tenía esta autoridad (Marcos 2:5-7). Su resurrección de entre los muertos es una prueba poderosa de que Él es el Hijo de Dios, con poder divino sobre la muerte misma.
Por lo tanto, reconocer a Jesús como Dios es crucial para nuestra fe. No solo significa que Él es digno de nuestra adoración, sino que también nos muestra que Él tiene la autoridad y el poder para salvarnos de nuestros pecados. Al poner nuestra confianza en Jesús, no solo aceptamos su perdón, sino que también le entregamos nuestras vidas como nuestro Señor y Dios. Que siempre reconozcamos su gloria y le demos el lugar que merece en nuestros corazones.